¿Mujeres Árabes luchando por la sexualidad?

¿Estamos viviendo una involución en la sexualidad? Es la primera pregunta que me surge después de leer noticias publicadas en los medios de comunicación, más propias de siglos pasados que del actual siglo XXI, como que en algunos países censuran sms privados con carga erótica; vigilan parques y otros sitios públicos para evitar que las pareja den muestras de cariño (besos o caricias propias de parejas enamoradas); multan por darse un beso en público (aunque sea en la mejilla); permiten publicar noticias con grandes titulares sobre sexo sólo por el morbo, sin obligar a que los periodistas sean objetivos; altos mandatarios hablan de la homosexualidad como si fuera una enfermedad o la causa de la pedofilia; etc. Sin embargo, el otro día cayó en mis manos un reportaje esperanzador sobre un programa de televisión: “Kalam nawaem”.

Desde 1990 se emiten cadenas de TV por vía satélite y entre los 10 programas más vistos en lengua árabe, se encuentra uno de la MBC (canal saudí) llamado Kalam nawaem: un programa social que se emite desde Egipto, con ánimo de lucro que se nutre de la publicidad, presentado sólo por mujeres y que trata muchos temas de actualidad como por ejemplo el divorcio, el terrorismo, la familia… pero también los relacionados con la sexualidad como la masturbación femenina, orgasmo, etc. e incluso el aborto.

Para comprender su éxito debemos analizar varios aspectos y podemos empezar por sus cuatro presentadoras-tertulianas que son mujeres de distintas edades, diferentes niveles culturales, educadas en cuatro países árabes y con libertad para llevar o no, el velo hijab, lo que favorece que cualquier espectadora se vea representada, estableciéndose así una cercanía.

El lenguaje que emplean es culto pero al mismo tiempo sencillo para facilitar su comprensión.
Los temas crean controversia y expectación que no se limitan al ámbito de la hora de emisión y del plató, sino que se trasladan a la calle porque las espectadoras se reúnen en patios, casas, etc. para seguir comentándolos, fomentándose así el diálogo.

Y los programas los elaboran a partir de noticias y cartas con opiniones y consultas planteadas tanto por mujeres como por hombres, porque poco a poco se va ampliando el porcentaje de espectadores masculinos, animándose no sólo a escribir sino también a participar como invitados.

Aún les queda mucho camino por recorrer porque no todo es positivo y los temas deben pasar por un comité censor que controlará, entre otras cosas, que no se ataque al Corán; reciben algunas cartas con críticas amenazantes; algunos temas, como la homosexualidad, siguen siendo una espinita difícil de tratar y otros no se tratan con la suficiente profundidad.

Esto con respecto al programa porque si intentamos profundizar un poco más en otros aspectos, algo curioso salta a la vista y es que se emite desde Egipto, cuando el canal es de Arabia Saudí, país que no tiene problemas económicos como para no transmitir desde su territorio. La explicación podría encontrarse en el hecho de que ha sido denunciado por Amnistía Internacional por la grave discriminación que sufren las mujeres, y que no tiene nada que ver con la imagen que vende el programa: mujeres independientes, trabajadoras y con libertad de expresión.

Sea una forma de lavar la cara de Arabia Saudí frente a Occidente o de no plasmar la realidad que viven sus mujeres -con respecto al tema que nos ocupa que es la sexualidad- para los países de habla árabe que pueden verlo en sus televisores es una buena noticia porque es una vía de acceso a una información dirigida a conseguir una sexualidad sana.

Está claro que en Arabia Saudí aún deben cambiar muchas cosas y que, además, debemos propiciar que cada vez los buenos titulares relacionados con el sexo y la sexualidad se conviertan en algo cotidiano y, por ello, no debemos cruzarnos de brazos ni perder la esperanza.
La salud sexual es un derecho.

¿Cómo crees que podemos propiciar la salud sexual, también en los países árabes?

Cristina G.M. Instituto de psicología sexología y medicina sexual Espill

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