Historias de la edad de oro

Los últimos quince años del régimen de Ceausescu fueron los peores de la historia de Rumanía. Sin embargo, la maquinaria propagandística de la época se refiere indefectiblemente a aquel periodo como a “la edad de oro”… Historias de la edad de oro es una adaptación para la gran pantalla de las leyendas urbanas más famosas de aquella época, en la que abundaban las historias cómicas, absurdas y sorprendentes, inspiradas en los acontecimientos surrealistas de la vida cotidiana bajo el régimen comunista.El sentido del humor es lo que sostuvo a los rumanos, y Historias de la edad de oro se propone capturar ese estado de ánimo al reproducir la supervivencia de una nación que tenía que afrontar día a día la lógica distorsionada de la dictadura.Antes de las visitas de Ceausescu, los alcaldes de los pueblos tienen que esforzarse para que sus localidades destaquen y seguir también las órdenes más extravagantes de los activistas más energúmenos del Partido que hacen la inspección previa a la vista oficial. De acuerdo con las reglas internas del Partido Comunista, en las imágenes públicas, el presidente Ceausescu no puede quitarse el sombrero ante los representantes del corrompido mundo capitalista, incluido el presidente Giscard d’Estaing. Un transportista de gallinas decide por primera vez abrir su camión sellado y descubre un vínculo entre los huevos, la Pascua y el amor conyugal. Un policía recibe como regalo de Navidad un cerdo vivo y decide que envenenarlo con gas es el mejor método para matarlo silenciosamente sin que lo adviertan sus vecinos y no tener que compartir con ellos semejante manjar. En la Rumanía de los años ochenta, Bughi y Crina se dedican a embaucar a la gente haciéndoles creer que toman muestras de aire para quedarse con las botellas de vidrio de los vecinos y venderlas.Historias de la edad de oro es la combinación de varias historias reales que se remontan a una época en la que la comida era más importante que el dinero, la libertad más importante que el amor y la supervivencia más importante que los principios.

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